Cuando se proyecta una nave logística en el polígono de Balaídos o una plataforma portuaria cerca de Beiramar, el clima vigués se convierte en un factor de diseño tan importante como las cargas que soportará el firme. La lluvia persistente, con más de 140 días de precipitación al año en Vigo, acelera la degradación de las juntas y puede provocar bombeo de finos si el soporte no está correctamente estudiado. Por eso un diseño de pavimento rígido adecuado a las condiciones locales debe partir de una caracterización geotécnica rigurosa del terreno subyacente. Antes de dimensionar la losa, conviene ejecutar un ensayo de placa de carga para verificar el módulo de reacción real in situ, porque los suelos de alteración granítica típicos de Vigo suelen dar valores muy distintos a los estimados en gabinete. Complementar esta información con un perfil de SPT permite además detectar la profundidad del sustrato competente y anticipar asientos diferenciales.
En Vigo, un buen pavimento rígido no solo resiste las cargas del tráfico; sobrevive al invierno gallego sin que el agua infiltrada erosione su soporte.



