El geófono triaxial y la fuente de energía impulsiva —generalmente una maza de 8 kg golpeando sobre un plato metálico conectado al sismógrafo multicanal— son el punto de partida para cualquier campaña de microzonificación sísmica en Vigo. El equipo se despliega sobre el terreno granítico alterado y los rellenos sedimentarios que caracterizan la ría, registrando la propagación de ondas de corte (Vs) hasta 30 metros de profundidad. Porque la geología viguesa no es uniforme: se pasa de un sustrato rocoso competente en zonas como el Castro a depósitos aluviales y marismeños en el entorno de Bouzas o Teis, y esa variabilidad define la respuesta sísmica de cada barrio. El procesado en gabinete, que incluye análisis espectral de ondas superficiales y modelado numérico, permite elaborar mapas de isoaceleraciones que reflejan cómo se comportaría el suelo vigués ante un evento sísmico con epicentro en el margen gallego o en la falla de Ventaniella. Para completar la caracterización geotécnica de las formaciones superficiales, se suele combinar la prospección geofísica con ensayos CPT en zonas de relleno y con calicatas exploratorias donde el granitoide aflora a poca profundidad.
La amplificación sísmica en los rellenos de la ría de Vigo puede duplicar la aceleración en roca, un dato que la norma general no contempla sin un estudio local detallado.



