El error más repetido en las promociones del área de Vigo es firmar el acta de replanteo sin haber visto el terreno con los ojos. Confiar ciegamente en un perfil de penetración y saltarse la inspección directa sale caro. Hemos llegado a obra con la zapata ya hormigonada y, al abrir una calicata exploratoria a dos metros, nos topamos con un relleno antrópico de cenizas y escombros que ningún sondeo había detectado. En los valles del Fragoso y en las laderas que bajan hacia la ría, la geología local mezcla saprolitas de granito, coluviones y vertidos históricos; la granulometría del material extraído y el tacto del técnico al describir la pared de la excavación son datos que ningún papel sustituye. Por eso en Vigo, antes de decidir la cota de cimentación, conviene abrir, mirar y tocar el suelo real.
En el jabre granítico de Vigo, la diferencia entre un suelo competente y un material colapsable se aprecia al primer golpe de pico en la pared de la calicata.


